El reconocimiento de 2021 ha puesto a Baños de la Encina en el mapa turístico nacional, convirtiendo al castillo de Burgalimar en la principal atracción del municipio. La afluencia de visitantes ha revitalizado la economía local, que ya se sustentaba en la agricultura del olivar, la producción de aceite y la explotación forestal de la dehesa de Sierra Morena.
El castillo, situado en lo alto del cerro del Cueto, domina el valle del Guadalquivir, una vía estratégica desde la época de Al‑Andalus. Sus orígenes son mucho más antiguos: excavaciones arqueológicas demuestran ocupación en la Edad del Bronce, seguido de un oppidum íbero del siglo IV y, según algunos estudios, posibles restos romanos vinculados a la cercana Cástulo.
Tras la reconquista cristiana, el castillo fue tomado definitivamente por las tropas de Fernando III en 1225 e incorporado a la Corona de Castilla. A partir del siglo XIV se iniciaron reformas para convertirlo en un alcázar, y en el siglo XV se erigió la torre del Homenaje bajo la dirección del condestable Miguel Lucas de Iranzo, incorporando elementos de arquitectura cristiana a la estructura califal original.
Construido en tapial – una mezcla de arcilla, arena, cal y pequeñas piedras – el castillo cuenta con catorce torres cuadrangulares, almenas y aspilleras que rodean el patio de armas. Desde 1969 ondea en la torre del Homenaje la bandera azul coronada de estrellas del Consejo de Europa, un privilegio concedido por la Unión Europea para conmemorar el milenio de su construcción.
El entorno natural complementa la visita: desde la fortaleza se contempla el embalse del Rumblar, una infraestructura de 126 hectómetros cúbicos que recoge las aguas de varios ríos y arroyos. La zona, eminentemente rural, sigue dedicada al cultivo del olivar y a la producción de aceite, mientras el turismo se consolida como una fuente de riqueza comparable a la de Segura de la Sierra, la única otra localidad de la provincia con la distinción de Pueblo Más Bonito.