Según el estudio 'Mapping trends and gaps in household wealth across OECD countries', la proporción de jóvenes que poseen su vivienda principal ha disminuido de forma sostenida entre cohortes nacidas en 1975 y 1990, evidenciando una brecha de ocho puntos porcentuales entre los nacidos en 1975 y los de 1985 a los 32 años.
A los 32 años, el 60 % de la cohorte de 1975 era propietaria, frente al 58 % de la de 1980 y al 52 % de la de 1985. La tendencia se repite a los 36 años, donde el 65 % de los nacidos en 1970‑1975 poseía vivienda, mientras que solo el 60 % de los de 1980 lo hacía.
En edades más tempranas, la caída es aún más pronunciada: a los 23 años, el 32 % de la cohorte de 1985 tenía vivienda propia, frente al 26 % de los nacidos en 1990. A los 29 años, la tasa pasó del 52 % (cohorte 1980) al 41 % (cohorte 1990).
El informe OECD Employment Outlook 2025 indica que, en torno a dos tercios de los países de la UE, la proporción de treintañeros propietarios ha disminuido desde mediados de los años noventa. Irlanda muestra la mayor caída, del 81 % al 53 %; Grecia, del 78 % al 58 %; Reino Unido, del 74 % al 56 %; y España, del 77 % al 60 %. Otros países como Dinamarca, Austria, Luxemburgo, Alemania y Suiza registran descensos de dos dígitos.
Los expertos de la OCDE atribuyen la tendencia a varios factores interrelacionados: el endurecimiento del acceso a hipotecas tras la subida de los tipos de interés desde 2021, el crecimiento de los precios de la vivienda por encima de los ingresos y la lenta evolución de los salarios, que reduce la capacidad de ahorro inicial necesaria para cumplir los requisitos crediticios.
Jonathan Cribb, subdirector del Institute for Fiscal Studies, explicó que en el Reino Unido el principal obstáculo no es solo la falta de ahorros, sino que incluso con una entrada razonable muchos jóvenes no pueden endeudarse lo suficiente para adquirir una vivienda en la zona donde viven.
J. Antonio Módenes, de la Universidad Autónoma de Barcelona, añadió que en España la caída del crédito tras la crisis de 2008, la mayor precariedad laboral, los criterios hipotecarios más estrictos y la reducción de la construcción de viviendas han agravado la situación.
En contraste, algunos países de la antigua Europa del Este han registrado aumentos bruscos: en Eslovaquia la tasa de propietarios entre treintañeros pasó del 38 % al 88 %; en la República Checa del 36 % al 76 %; y en Polonia del 57 % al 77 %. Estos incrementos se deben, según el investigador Ján Výbošťok, a la privatización masiva de viviendas estatales tras la caída del modelo socialista.
Cody Hochstenbach, de la Universidad de Ámsterdam, cuestionó las cifras holandesas de la OCDE, señalando que la encuesta 'WoON' muestra una caída de la propiedad del 50 % en 2002 al 44 % en 2024 entre adultos jóvenes, pese a que los años 1990‑2000 fueron de expansión impulsada por políticas de fomento a la compra.
Francia es la única de las cinco mayores economías europeas que ha registrado un ligero aumento de cuatro puntos porcentuales, lo que sugiere que las políticas de vivienda pueden mitigar la tendencia general. Los datos confirman que la crisis de vivienda afecta a la movilidad, la formación de hogares y la estabilidad financiera de toda una generación.