Rosa Pich, madre de 15 hijos y viuda de Chema, se convirtió en la familia con niños en edad escolar más grande de Europa cuando, en 2015, recibió el premio a la Familia Numerosa Europea del Año, reconocimiento que destacó la magnitud y la cohesión de su núcleo familiar.
El proyecto familiar de Rosa comenzó con la firme intención de tener muchos hijos, aunque los primeros años estuvieron marcados por tragedias: su tercer hijo falleció a los diez días de nacido y, cuatro meses después, el segundo murió por problemas cardíacos, lo que llevó a los médicos a advertirles que no tuvieran más niños por riesgo para los demás.
A pesar de la recomendación médica, la pareja decidió continuar con su plan de familia numerosa, afirmando que nadie interferiría en sus decisiones y que seguirían “haciendo lo que les diera la real gana”. Con el tiempo, la familia creció hasta alcanzar los 18 hijos, de los cuales 15 siguen vivos.
En 2017, Rosa volvió a enfrentarse a la pérdida cuando su esposo Chema murió a causa de un cáncer fulminante, dejándola al frente de la gran familia. Ese mismo año, su hija mayor, Carmineta, de 22 años, falleció tras una complicada intervención para cambiarle el marcapasos, una operación que se complicó por la fragilidad de sus venas.
A lo largo de los años, la familia también ha tenido que afrontar la enfermedad de Rafa, uno de los hijos, quien superó un cáncer que durante varios años generó gran preocupación entre sus parientes.
La fe católica ha sido el pilar que Rosa señala como principal apoyo. En su hogar se celebra la misa los domingos y, cuando es posible, entre semana; además, la familia reza el Rosario diariamente, siguiendo la recomendación de la Virgen según la tradición católica.
Rosa lleva su experiencia a libros y redes sociales, donde insiste en que, incluso en medio del dolor, “se puede reír” y que el sufrimiento puede transformarse en enseñanza para los demás. Su mensaje busca inspirar a otras familias a mantener la esperanza y la unidad pese a las adversidades.
Con la familia ya consolidada y la experiencia de haber superado múltiples tragedias, Rosa continúa educando a sus hijos en la fe y en la vida escolar, subrayando que los padres deben ser los primeros ejemplos de oración y compromiso religioso.