El peso mexicano cerró el jueves 24 de septiembre en 17,75 unidades por dólar, su nivel más débil desde el 6 de abril. La moneda perdió cerca de 1,2% en la jornada, en un movimiento que coincidió con un avance del dólar y con nuevas dudas sobre la ventaja de rendimiento que había atraído capitales hacia México.
El Banco de México mantuvo su tasa de referencia en 6,50% y advirtió que no ajustará su política de forma mecánica siguiendo a la Reserva Federal. El diferencial entre ambas tasas rondaba los 250 puntos básicos, el menor desde diciembre de 2015. La analista Gabriela Siller, de Grupo Financiero Base, dijo que el mercado prevé que se reduzca aún más antes de fin de año; un menor diferencial puede restar atractivo a las operaciones de carry trade que habían respaldado al peso.
El contexto estadounidense también favoreció al dólar: el índice DXY subió 0,18%, mientras las ventas de viviendas nuevas superaron las previsiones y las solicitudes de subsidio por desempleo quedaron por debajo de lo esperado. Las pérdidas se extendieron por América Latina; el peso colombiano retrocedió 2,2%. El peso mexicano acumula una caída de alrededor de 4,4% en septiembre, aunque todavía conserva una apreciación cercana a 1,5% en lo que va del año.
La inflación añade presión a las perspectivas locales. El índice de precios al consumidor aumentó 3,42% interanual en la primera quincena de septiembre, por encima de las expectativas citadas en el informe. Para la siguiente sesión, Monex proyectó un rango de 17,68 a 17,80 pesos por dólar, con atención puesta en los datos de desempleo de México y en las cifras de confianza e inflación esperada de la Universidad de Michigan.