Para entender Nordés Gin hay que situarse en Galicia, entre caminos verdes, eucaliptos y la cercanía del Atlántico. En Vedra, en la provincia de A Coruña y a unos 20 kilómetros de Santiago de Compostela, Casa Nordés reúne el relato de una ginebra que nació vinculada a su territorio y que hoy se presenta también como una visita enoturística y gastronómica.

La marca nació en 2012 de la mano de tres amigos gallegos que querían crear una ginebra capaz de hablar de su tierra. Antes de llegar a la fórmula definitiva realizaron más de 300 pruebas, parte de las cuales se conservan y pueden verse durante el recorrido por Casa Nordés.

Uno de los rasgos que diferencia a esta ginebra es el uso de destilado de uva albariño, un producto profundamente asociado a Galicia. Ese origen vínico ayuda a explicar el perfil suave, fresco, floral y ligeramente afrutado que identifica a Nordés frente a ginebras más convencionales.

La visita permite acercarse también a los once botánicos que forman parte de la receta. Seis de ellos están ligados a la tradición gallega: laurel, salvia, salicornia, hierbaluisa, eucalipto y menta. Otros cinco proceden de un imaginario más amplio: enebro, cardamomo, jengibre, hibisco y té.

En el invernadero, los visitantes pueden ver, oler y tratar de reconocer esos ingredientes antes de conocer cómo interviene cada uno en la elaboración. El proceso no se limita a una maceración conjunta: cada botánico necesita tiempos distintos para expresar sus matices. La hierbaluisa puede requerir una maceración más larga para aportar su carácter cítrico, mientras que el cardamomo, por su intensidad, necesita menos de doce horas. Algunos procesos llegan a prolongarse casi treinta días.

El recorrido entra después en la sala de alambiques, donde dos grandes piezas de cobre ayudan a explicar una parte esencial de la elaboración. Una tiene 400 litros y se destina a los botánicos; la otra, de 900 litros, se emplea para el destilado de vino albariño. Allí se resume el principio de la destilación: calentar, evaporar, enfriar y condensar hasta obtener la parte más noble del destilado, conocida como el corazón.

Casa Nordés ha diseñado la experiencia para hacer comprensible un proceso que podría resultar técnico. El itinerario incluye una instalación de videomapping sobre la evolución de las maceraciones y un pasillo dedicado a las pruebas que precedieron a la receta definitiva. Como cierre, la visita permite probar el resultado final.

La marca ha vinculado esa mirada al territorio con la tercera edición de La Maxia del Atlántico, una botella especial que llega en septiembre y que rinde homenaje a los oficios tradicionales de la costa gallega. Esta edición pone el foco en pescadores y mariscadoras, y en los saberes transmitidos durante generaciones junto al mar.

Ese homenaje se apoya en conocimientos como interpretar las mareas, observar los ciclos naturales, leer el terreno y saber cuándo y dónde buscar. La experiencia de Rita, integrante de la última generación de mariscadoras y responsable de Amarcarril.es, ilustra la importancia de un oficio en el que la observación acumulada durante años sigue siendo una herramienta central.

Después de una primera botella dedicada a los faros gallegos y una segunda centrada en la riqueza gastronómica del mar, La Maxia del Atlántico Nº3 convierte esos oficios costeros en protagonistas visuales. Las escenas aparecen ilustradas sobre la botella blanca y azul de cerámica característica de Nordés, pensada como pieza de colección, mientras la ginebra mantiene en su interior la receta original.