Bernardo Rivero trabajó durante años como director general en dos compañías americanas, disfrutando de un estilo de vida acomodado con traje y despacho. Sin embargo, al cumplir los 55 años, la empresa le comunicó que ya no era útil, dejándolo sin empleo y marcando el inicio de una larga búsqueda laboral.

Durante los tres años siguientes, Rivero envió currículums y recibió respuestas vagas como "te llamaremos si surge algo", sin lograr concretar ninguna entrevista. La dificultad para encontrar trabajo se vio agravada por la preferencia de muchas empresas por candidatos más jóvenes, una tendencia que él describió como discriminación por edad.

Decidido a no quedarse inactivo, a los 62 años lanzó su propio negocio gastronómico, Doggy Bravo, especializado en perritos calientes de 23 centímetros. La estrategia incluyó repartir folletos en la salida del Movistar Arena, donde se ubica el local, y promocionar el producto mediante videos en TikTok, lo que le permitió captar la atención de un público amplio.

Hoy, a los 65 años, la tienda vende cientos de perritos al día y Rivero ya contempla la apertura de franquicias. Además, ha adoptado hábitos saludables, asistiendo al gimnasio diariamente y perdiendo 19 kilogramos desde enero, lo que le ha permitido mantenerse activo y motivado en su nuevo proyecto.

La experiencia de Rivero ilustra los retos que enfrentan los trabajadores mayores en un mercado laboral que valora la juventud y la adaptación digital. Su caso subraya la necesidad de que las personas mayores actualicen sus competencias y consideren el emprendimiento como una vía viable para superar la exclusión laboral.