En su intervención, Merz subrayó que su gobierno no tiene intención de dimitir ni de modificar el programa de reformas estructurales que ha impulsado durante su mandato, pese a la fuerte oposición que esas medidas han generado, describiendo la situación como un "gran viento en contra".

Los comicios regionales de este domingo mostraron una fragmentación del electorado: en Berlín, Die Linke se alzó como la fuerza más votada con el 26 % de los sufragios, superando a la CDU (20 %) y al SPD (12 %). La candidata de La Izquierda, Elif Eralp, prometió expropiar 200.000 viviendas para abordar la crisis de la vivienda que afecta especialmente a los jóvenes.

En Mecklenburg‑Vorpommern, el AfD alcanzó el 38 % de los votos, un resultado que su copresidente Tino Chrupalla calificó de "sensacional" y que, según él, otorga al partido un mandato claro para gobernar. El SPD, liderado por la presidenta regional Manuela Schwesig, quedó en segundo lugar con el 36,5 %, mientras que la CDU y La Izquierda apenas lograron entrar al parlamento.

Schwesig anunció su intención de iniciar negociaciones para formar una coalición que excluya al AfD, señalando que el 60 % de los ciudadanos desea un gobierno democrático estable. La posible alianza incluiría al SPD, Los Verdes (15,5 %) y La Izquierda, con el objetivo de impedir que el partido de extrema derecha acceda al poder.

Merz vinculó los resultados a la resistencia que generan sus reformas económicas y a la inflación que ha alimentado el descontento, citando al historiador Heinrich August Winkler para comparar la actual radicalización con la crisis de 1873 en Viena. El canciller reiteró la necesidad de "paciencia, firmeza y perseverancia" para mantener el rumbo de la economía y contrarrestar la atracción de la extrema derecha y la extrema izquierda.

Dentro de la propia CDU se ha intensificado el debate sobre la continuidad de Merz, pues su postura firme en contra del "cortafuegos" que impide cualquier acuerdo con el AfD ha generado tensiones internas. El resultado electoral, junto con la pérdida de terreno frente a La Izquierda en Berlín, plantea un desafío significativo para su liderazgo y para la agenda de reformas a nivel federal.