La jornada, que alcanzó casi tres cuartas partes de la capacidad del recinto, contó con la participación de los toros de la ganadería Juan Pedro Domecq. Desde el callejón, el ganadero observó el comportamiento de cada animal en los distintos tercios, destacando la calidad de un ejemplar que, según los presentes, mostró buen porte desde su salida de los chiqueros.

Sebastián Castella, que actuó sobre los hombros de los toros de Guadalajara, fue el único matador que logró una faena sobresaliente. Tras una serie de pases de verónica y una media bien ejecutada, el torero obtuvo dos orejas, una de ellas tras una estocada que dejó al animal sin la oreja izquierda. La ovación del público confirmó la superioridad de su actuación frente a la de sus colegas.

Juan Ortega, vestido de azul y oro, también logró una oreja tras una estocada frontal, aunque su faena fue descrita como más lenta y menos impactante que la de Castella. Ortega intentó improvisar en varios momentos, pero la falta de opciones del toro le obligó a buscar el ritmo propio, culminando con una oreja y varios pases de pecho y rodilla en tierra.

Pablo Aguado, con traje de caña y oro, tuvo una actuación menos fructífera. El torero apenas consiguió dos pinchazos y una estocada ligera, sin lograr ninguna oreja. Su desempeño fue calificado como “malando” por algunos asistentes, y la música que sonó al final de su faena fue percibida como inoportuna por el público.

El programa también incluyó la apertura de un rastrero que intentó cargar con todas las tablas, y la intervención de un francés que alternó entre estatuarios y juampedro. En conjunto, la tarde mostró la variedad de estilos y resultados típicos de una corrida de toros, con Castella como el único que obtuvo una recompensa de dos orejas, consolidando su posición como el matador más destacado de la jornada.