Según la Comisión Nacional del Agua, el centro del ciclón se encuentra a 335 km al sur de Zihuatanejo, Guerrero, y a 575 km al sureste de Manzanillo, Colima. Su desplazamiento lento hacia el noreste indica que, por el momento, no se prevé un impacto directo en la zona costera.
Aun con la distancia, el Servicio Meteorológico Nacional y el Centro Nacional de Huracanes de EE. UU. advierten que Polo puede generar lluvias intensas en los estados de Colima, Michoacán, Guerrero y Oaxaca, así como vientos sostenidos con rachas de 60 a 80 km/h en las costas de Michoacán y Guerrero.
Las autoridades alertan que las olas podrían alcanzar hasta seis metros en las próximas 24 horas, incrementando el riesgo de deslizamientos, desbordamientos de ríos y arroyos, y oleaje de hasta cuatro metros en Michoacán y Guerrero.
Ante la posibilidad de un desvío inesperado de la trayectoria, los gobiernos estatales han mantenido activas las medidas de protección, incluyendo la fase preventiva del plan DN‑III‑E de la Defensa Nacional y el plan Marina, destinados a asistir a la población civil en caso de emergencias.
En paralelo, expertos como Claudia Rojas, del departamento de Ingeniería de Procesos e Hidráulica de la Universidad Autónoma Metropolitana, señalan que el rápido fortalecimiento de Polo a categoría 5 reaviva el debate sobre la influencia del fenómeno de El Niño, que eleva la temperatura de la superficie oceánica y podría aportar más energía a los ciclones, aunque no implica un aumento en la frecuencia de huracanes.
La Organización Meteorológica Mundial ha advertido que el fenómeno de El Niño será más intenso y prolongado para 2026, lo que subraya la necesidad de seguir estudiando su vínculo con la intensidad de tormentas como Polo.