Según los datos preliminares, 17,5 millones de ciudadanos estaban registrados para votar, lo que representa el 62,5 % del censo total, pero la cifra final de participación podría situarse cerca del 36 %, similar a las elecciones de 2021, cuando sólo 9 millones de los 17,9 millones registrados acudieron a las urnas.
Los analistas señalan que el bajo interés se debe a la percepción de que el proceso electoral es una “farsa sofisticada”, según el periodista independiente en exilio Ali Lmrabet, quien afirmó que los marroquíes saben que “nada va a cambiar”.
El contexto económico del país muestra una paradoja: el PIB creció un 4,9 % en 2025 y el gobierno promociona proyectos de infraestructura vinculados al Mundial de 2030, mientras que el desempleo alcanza el 13 % y supera el 37 % entre los menores de 25 años, según datos oficiales.
Los jóvenes, que constituyen apenas el 3 % de los electores registrados, expresan una profunda desconfianza en las instituciones; sólo un tercio de los marroquíes de entre 18 y 35 años confía en el Parlamento, el jefe de Gobierno o los partidos, según encuestas citadas por Lmrabet.
El movimiento de protesta GenZ212, que surgió en otoño pasado bajo el lema “Menos estadios y más colegios y hospitales”, fue duramente reprimido, con cientos de detenidos y largas condenas, lo que ha alimentado la sensación de un estado “vegetativo”, según el periodista de investigación Omar Radi.
En la campaña, los principales partidos –RNI, PAM e Istiqlal– prometen crear alrededor de un millón de puestos de trabajo y miles de millones en inversiones de infraestructura, pero la competencia se concentra en un reducido número de formaciones, mientras que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) intenta recuperar terreno bajo la figura de su exprimer ministro Abdelilah Benkirane.
El primer ministro Aziz Akhannouch, que dejó la presidencia del RNI en febrero, sigue siendo una figura controvertida por su doble papel como empresario multimillonario y jefe de Gobierno, lo que alimenta las críticas sobre la mezcla de poder económico y político.
El reciente asalto masivo a la ciudad española de Ceuta el 30 de julio, que coincidió con la Fiesta del Trono, ha reavivado la tensión bilateral. Radi sugiere que pudo haber existido una “intención de desestabilización” pero duda que el Estado marroquí sea el autor directo, mientras Lmrabet plantea la hipótesis de una orden interna que abrió la frontera de forma temporal.
El rey Mohamed VI mantiene, según los analistas citados, amplias prerrogativas constitucionales y sigue siendo el árbitro final de las decisiones gubernamentales, pese a su creciente ausencia pública, lo que refuerza la percepción de que el verdadero poder reside en el círculo interno conocido como el “Majzén”.
Con la nueva legislatura, la pregunta central no es solo quién ganará los escaños, sino quién será nombrado jefe de Gobierno, puesto que el monarca debe designar al líder del partido mayoritario. Entre los nombres que circulan está el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa, aunque él ha descartado públicamente cualquier candidatura directa.