La dirección del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades CULTUR ALH de Granada anunció la cancelación de la participación de Ariana Harwicz, prevista para el 26 de septiembre en una conversación titulada "Oponerse al mundo" junto al escritor Jesús Ortega, alegando su condición de judía y sus posiciones públicas sobre el rechazo al boicot cultural.

En respuesta, más de 350 personalidades vinculadas a la literatura, el arte, el pensamiento y la cultura suscribieron un manifiesto de apoyo. Entre los firmantes destacan Fernando Savater, Margo Glantz, Piedad Bonnett, Óscar Tusquets, Andrés Trapiello, Cayetana Álvarez de Toledo, María Negroni, Santiago Roncagliolo, Enrique Moradiellos, José Luis Pardo, Anna Caballé, Victoria Cirlot, Karina Sainz Borgo, Pola Oloixarac, Carolina Sanín, Zoé Valdés, Fernando Iwasaki, Santiago Kovadloff y el ex‑primer ministro Manuel Valls.

El documento sostiene que "ningún escritor debería ser excluido de un encuentro cultural por sus posiciones públicas" y advierte que defender la libertad de expresión solo para quienes comparten nuestras ideas equivale a una selección ideológica. Los firmantes piden a la dirección de CULTUR ALH una explicación transparente de la decisión y una reparación pública que reconozca el perjuicio causado a Harwicz y al debate cultural.

La Universidad de Granada, que había sido citada en la polémica, emitió un comunicado el 19 de septiembre aclarando que la decisión de retirar la invitación correspondía exclusivamente a la dirección del festival y que la institución no la había adoptado, aprobado ni respaldado. La universidad reiteró su compromiso con la libertad de expresión, el pluralismo y el diálogo.

Harwicz había denunciado públicamente su exclusión pocos días antes del evento, tras una serie de peticiones que cuestionaban su presencia por sus opiniones sobre el boicot cultural. La escritora ha negado haber sostenido algunas de las posturas que le fueron atribuidas y ha señalado que sus declaraciones fueron sacadas de contexto.

El episodio ha reavivado el debate sobre los límites de la libertad de expresión en los espacios culturales y plantea interrogantes sobre la capacidad de los festivales para gestionar la diversidad de opiniones sin recurrir a la censura. La presión de la comunidad intelectual y la postura de la Universidad de Granada podrían influir en futuras decisiones del festival y en la percepción pública de su compromiso con el pluralismo.