La firma del acuerdo, celebrada al margen de la Asamblea General de la ONU, pone fin a meses de tensiones provocadas por las amenazas de Trump de que Estados Unidos debía controlar la isla y, en ocasiones, de descartar el uso de la fuerza para lograrlo.

El nuevo pacto no contempla la incorporación de Groenlandia al territorio estadounidense, como había exigido inicialmente Trump, sino que establece un marco para una presencia militar estadounidense mucho mayor y una cooperación de seguridad reforzada en la región ártica, que Washington considera estratégica frente a Rusia y China.

El acuerdo se apoya en el tratado de defensa bilateral de 1951 entre EE.UU. y Dinamarca, modificado en 2004 para incluir explícitamente a Groenlandia. La ampliación se basa en ese marco jurídico preexistente, lo que permite a Washington aumentar su huella sin crear un nuevo tratado.

Según fuentes citadas por Reuters, la expansión incluirá la construcción de dos nuevas bases: una en Narsarsuaq, en el sur de la isla, donde EE.UU. operó la base aérea Bluie West One durante la Guerra Fría, y otra en Mestersvig, en la costa este, actualmente utilizada por la patrulla danesa Sirius. Ambas instalaciones habían sido desmanteladas o reducidas tras la década de 1950.

La única instalación estadounidense que permanece operativa es la Base Espacial de Pituffik (antigua base de Thule) en el noroeste de Groenlandia, dedicada a la vigilancia espacial, alerta y defensa antimisiles dentro de la arquitectura de seguridad de la OTAN.

Dinamarca y Groenlandia subrayan que el acuerdo no implica una cesión de soberanía. Las autoridades danesas afirman que la seguridad del Ártico seguirá bajo la responsabilidad colectiva de la OTAN, mientras que el gobierno groenlandés mantiene el derecho de autodeterminación de su población.

Trump declaró ante la ONU que el pacto otorga a EE.UU. un "control permanente" sobre la seguridad y otras necesidades de Groenlandia, y que ningún adversario podrá establecer presencia militar ni realizar inversiones sensibles en la isla sin la autorización estadounidense.

El pacto busca impedir que Rusia o China desarrollen instalaciones militares o económicas en Groenlandia, una zona cuya importancia crece por el deshielo, la apertura de nuevas rutas marítiles y el interés por sus recursos minerales.

Para Dinamarca, el acuerdo refuerza la defensa del territorio del Reino sin renunciar a su soberanía, mientras que para EE.UU. representa un giro estratégico que revierte la tendencia de reducción de su presencia militar en el Ártico iniciada después de la Guerra Fría.