Según un informe de S&P Global Ratings, la inversión en centros de datos de IA podría alcanzar los 3,2 billones de dólares en los próximos tres años, de los cuales aproximadamente 1,75 billones provendrán de emisiones de deuda. La otra mitad se cubrirá mediante acuerdos de leasing, capital privado y titulizaciones, creando una red de financiación circular difícil de rastrear.

Los principales “hiperescaladores” –OpenAI, Anthropic y Nvidia– han dejado de financiar sus proyectos con ingresos propios y recurren cada vez más a terceros. Meta, Alphabet, Microsoft, Amazon, Oracle y Nvidia ya han colocado más de 200.000 millones de dólares en deuda este año, una cifra casi cuatro veces la emisión neta de España, y se espera que alcance los 400.000 millones para 2027, según Morgan Stanley.

El Banco de Pagos Internacionales (BIS) ha advertido que gran parte de esta financiación es opaca e interconectada. Pablo Hernández de Cos, gobernador del BIS, señaló que los fabricantes de chips y los hiperescaladores se enlazan mediante estructuras que dificultan su valoración y seguimiento.

Un caso emblemático es el del megacentro de datos Hyperion de Meta, desarrollado a través de un vehículo de inversión (SPV) junto a la firma de capital privado Blue Owl Capital. El SPV emitió 27.000 millones de dólares en deuda con rating A+, mientras Meta limitó su participación al 20 % y firmó un contrato de arrendamiento de 20 años, manteniendo la mayor parte de la carga financiera fuera de su balance.

Nvidia, por su parte, ha creado una plataforma de financiación que involucra a grandes fondos de Wall Street –Apollo, Blackstone, BlackRock, Goldman Sachs y KKR, entre otros–, asegurando alrededor de 500.000 millones de dólares. Los analistas de Morgan Stanley estiman que la exposición crediticia total de Nvidia podría llegar a 200.000 millones de dólares a finales de 2028.

Los fondos de crédito privado también juegan un papel clave. En los últimos 15 años, su préstamo al sector tecnológico ha pasado de 22.000 millones a más de un billón de dólares, según el BIS, sustituyendo en parte al tradicional canal bancario.

La creciente dependencia de titulizaciones de centros de datos añade otra capa de complejidad. La SEC ha reconocido recientemente que estos instrumentos no se clasifican como activos titulizados (ABS) y, por tanto, no están sujetos a los requisitos de retención de riesgo crediticio, lo que los hace más atractivos para los emisores.

A pesar de las advertencias, los inversores siguen mostrando optimismo. John Servidea, codirector global de Finanzas de Grado de Inversión de JP Morgan, afirma que el capital se está destinando tras un análisis cuidadoso de la solvencia y el valor relativo de las empresas involucradas.