El precio del diésel en Francia marcó el domingo un nuevo máximo histórico de 2,41 €/litro, mientras la gasolina SP95‑E10 superó los 2,17 €/litro y la SP98 rondó los 2,28 €/litro, niveles que superan los picos alcanzados en 2022.
En las últimas semanas, pescadores del sur de Francia bloquearon depósitos de petróleo y accesos a puertos, y agricultores organizaron manifestaciones en todo el territorio para protestar contra la subida del precio del combustible, que consideran una carga insostenible para sus actividades.
Ante este clima de malestar, el Ejecutivo presentó un paquete de ayudas al combustible que incluye 450 millones de euros de nuevas asignaciones, lo que eleva el total de recursos destinados a mitigar la factura energética a 1,4 mil millones de euros.
El ministro de Economía, Roland Lescure, reiteró que la política de subvenciones al combustible se mantendrá "sin cambios" y subrayó que el objetivo es proteger a los hogares y sectores más vulnerables frente al encarecimiento de la energía.
El paquete también incorpora la llamada "regla de oro del combustible" para el presupuesto de 2027, según la cual cualquier ingreso fiscal adicional generado por el aumento de los precios del carburante será neutralizado y destinado a medidas de apoyo al consumidor, evitando que el Estado se beneficie de los precios más altos en las gasolineras.
El contexto fiscal es crítico: se prevé que el déficit presupuestario de Francia alcance este año el 5,4 % del PIB, uno de los más altos de la zona euro, mientras la deuda pública se acerca al 120 % del PIB.
Los precios elevados se deben en parte a la estructura impositiva del país; el impuesto interno al consumo de productos energéticos (TICPE) y el IVA del 20 % se aplican sobre el precio del combustible, lo que encarece tanto el producto como la carga tributaria que recae sobre los consumidores.
El combustible se ha convertido en uno de los principales focos de la campaña electoral a siete meses de las presidenciales. La extrema derecha de Marine Le Pen propone reducir el IVA del 20 % al 5,5 %, mientras que el candidato de la izquierda radical Jean‑Luc Mélenchon aboga por un techo de 1,70 €/litro para la gasolina y 1,80 €/litro para el diésel.
Analistas señalan que, aunque la demanda de carburante muestra signos de debilidad tras varios meses de precios máximos, la combinación de alta carga fiscal, dependencia de importaciones y la vulnerabilidad del mercado del diésel a la escasez internacional mantiene la presión sobre los precios y el descontento social.