Desde la truce que entró en vigor en octubre de 2025, una línea amarilla dividió la Franja en dos áreas casi iguales; la mayor parte de la población quedó confinada en la zona este, mientras que el ejército israelí ocupó el resto. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), los límites se han ido reduciendo y hoy los palestinos viven en menos del 40 % de la superficie original de Gaza, que mide 365 km².

La ONU estima que 1,2 millones de habitantes se encuentran en situación “muy crítica o catastrófica” en refugios o tiendas de campaña, donde la falta de aire, espacio y saneamiento es la norma. Dalal S., una joven de 21 años que prefiere no revelar su apellido, describió su vida en el campo de Al Mawasi: “No hay sitio en ningún lugar, no cabe nadie más”, y añadió que incluso conversaciones familiares deben hacerse en voz baja para no ser escuchadas por los vecinos.

El hacinamiento genera conflictos cotidianos. Samir Zaqut, de la ONG palestina Al Mezan, explicó que “las tiendas están pegadas unas a otras; la gente no tiene ningún tipo de intimidad y hay disputas todo el rato con la pareja, con los hijos o con los vecinos”. Ezzedin, desplazado del centro de la Franja, contó que la falta de privacidad le impide incluso usar el baño sin sentir vergüenza.

Esta presión habitacional ha tenido efectos colaterales en la vida familiar. Según testimonios, los divorcios están en aumento y la falta de espacio ha impulsado el número de matrimonios infantiles; el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) calculó en diciembre de 2025 que casi el 10 % de los embarazos correspondían a madres adolescentes.

La escasez de servicios básicos también alimenta la crisis sanitaria. La falta de agua potable, baños dignos y materiales de limpieza, sumada a la presencia de insectos y roedores, ha favorecido la propagación de enfermedades. Zaqut señaló que la población ya no está tan sana ni tan fuerte como hace tres años.

En el ámbito de la salud mental, la psiquiatra Amal Abu Obada, del Programa comunitario gazatí de salud mental (GCMHP), describió la situación como “un desafío permanente”. Ella y su equipo atienden gratuitamente en tres puntos de la Franja, pero la mayoría de la gente prefiere buscar agua o comida antes que acudir a una clínica, y la falta de transporte y de espacios privados dificulta incluso las sesiones en línea.

El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha declarado que no habrá una “solución real” para Gaza sin una “migración masiva” de su población, una postura que refuerza la percepción de los residentes de que la ocupación militar limita cualquier esperanza de alivio.

En medio de este panorama, los residentes siguen lidiando con la constante amenaza de disparos cercanos. Dalal S. envió un video desde su tienda donde se escuchan ráfagas, y añadió que actividades cotidianas como lavar los platos, cocinar o leer se han convertido en suplicios por la falta de espacio y la proximidad de las tropas.