El hallazgo surgió cuando Lucas Gortázar, investigador de Esade, revisó los microdatos publicados por la OCDE y constató que la metodología empleada para definir el cuartil socioeconómico más alto había cambiado entre la edición 2022 y la de 2025, impidiendo una comparación directa.

Hasta 2022, PISA clasificaba a los alumnos más favorecidos mediante preguntas sobre recursos culturales en el hogar, como número de diccionarios, libros de literatura clásica o materiales de ciencias. En la edición 2025, esas preguntas fueron sustituidas por indicadores puramente económicos –piscina, jacuzzi, servicio doméstico, televisión inteligente o aire acondicionado–, lo que alteró la composición del cuartil más alto.

Según Gortázar, esa modificación provocó que la OCDE sobreestimara la caída de los estudiantes más ricos. Por ejemplo, en matemáticas la organización reportó una disminución de 14 puntos, mientras que los investigadores calculan que la verdadera caída fue de 6,2 puntos, similar al descenso medio de los demás grupos. En lectura, la diferencia pasa de 20,7 a 11,7 puntos, y en ciencias, en lugar de una caída de 7,7 puntos, los datos corregidos indican una mejora de 1,5 puntos respecto a 2022.

En España, la corrección tiene un impacto aún mayor. Los resultados oficiales mostraban una caída de 24,2 puntos en matemáticas para el cuartil más favorecido, pero la revisión sugiere que la caída real fue de 15,2 puntos, mientras que el cuartil más desfavorecido pasó de una pérdida de 10,5 puntos a una de 15,2 puntos, reduciendo la brecha entre ricos y pobres de 13 puntos a prácticamente cero.

Los investigadores comunicaron sus observaciones a los autores del informe PISA. La OCDE, tras una primera respuesta que calificó el problema como “posible”, se mantuvo en silencio después de recibir los argumentos detallados por el grupo español.

El director de Educación de la OCDE, Andreas Schleicher, había comentado previamente que la mayor caída de los estudiantes de entornos privilegiados podría deberse a una menor implicación de los padres y al exceso de exposición a tecnologías digitales. Con el descubrimiento del error metodológico, esas explicaciones pierden fundamento y ponen en entredicho la fiabilidad de los resultados publicados.

Este episodio plantea dudas sobre la robustez metodológica de PISA y su capacidad para ofrecer comparaciones internacionales fiables, especialmente cuando se modifican los indicadores socioeconómicos entre ediciones.