San Pío de Pietrelcina nació en 1887 en la localidad italiana homónima y, a los 17 años, ingresó en la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, tomando el nombre de Pío. Fue ordenado sacerdote en 1910 y dedicó su ministerio a la confesión y al acompañamiento espiritual de los fieles.
Fiel al carisma franciscano, el Padre Pío vivió con humildad, austeridad y una intensa vida de oración. Entre sus obras más destacadas está la fundación de la Casa Alivio del Sufrimiento, un hospital creado para ofrecer una atención digna e integral a los enfermos.
Su vida estuvo marcada por fenómenos místicos, entre ellos los estigmas, que reforzaron su reputación como santo popular y devoto. La Iglesia lo canonizó en 2002, y su figura sigue siendo objeto de devoción en todo el mundo.
El 23 de septiembre, además de San Pío, el calendario litúrgico incluye la celebración de los santos Tecla de Seleucia, Adamnano de Hy, Andrés Fournet, Constancio de Ancona, Lino Papa y Sosso de Misena, todos ellos registrados en el Martirologio Romano, el libro oficial que el Vaticano actualiza anualmente con nuevas canonizaciones.
Esta tradición del santoral, arraigada en la cultura cristiana española, asigna a cada día del año la memoria de santos que, a lo largo de los siglos, fueron reconocidos por su fe y, en muchos casos, por haber sufrido persecución por su creencia. La conmemoración diaria refuerza la presencia de la historia religiosa en la vida cotidiana de los fieles.
Los medios católicos y la prensa general suelen publicar la lista de nombres y breves biografías de los santos del día, como lo hace ABC en su sección de santoral, para que los creyentes conozcan y celebren la vida de estos modelos de virtud.