Nuris Medina, una abogada de 75 años que lleva 27 años en la lucha política venezolana, encabezó la concentración y denunció la "actitud inconcebible" de Trump, acusándolo de "meter la pata" al no haber llevado a los "cuarenta ladrones" que, según ella, permanecen en el país.
Los consignas del grupo incluían frases como "No la elegimos y no nos representa", "Cese al apoyo de Estados Unidos a la dictadura" y "Fuera la injerencia de Estados Unidos en Venezuela", reflejando el rechazo tanto a Rodríguez como a la política estadounidense.
Un sondeo en línea realizado por la firma Meganálisis entre el 15 y el 19 de septiembre, con 1.727 adultos con acceso a internet, mostró que el 91 % desaprobaba una reunión entre Trump y Rodríguez, el 94 % no se sentiría representado por ella ante la ONU y el 80 % rechazó el acuerdo petrolero de agosto.
Mientras los manifestantes protestaban en la capital, Rodríguez mantenía una agenda internacional en Nueva York: se reunió con el secretario general António Guterres y con representantes del Banco Interamericano de Desarrollo, el FMI y el Banco Mundial para tratar temas de deuda, energía y reconstrucción, y buscó encuentros con líderes como el presidente de España, Pedro Sánchez.
El oficialismo celebró la visita, con Diosdado Cabello calificándola de "triunfo de la diplomacia de paz" y Andrés Velásquez, exgobernador de Bolívar, tildando a Rodríguez de "vocera del pueblo de Venezuela" pero recordando que ninguna recepción internacional sustituye el voto popular.
El viaje de Rodríguez reavivó un debate institucional: la Vicepresidencia Ejecutiva quedó vacante cuando ella asumió la Presidencia interina tras la captura de Nicolás Maduro; el artículo 234 de la Constitución exige un vicepresidente que supla al jefe del Estado, pero la sentencia del Tribunal Supremo que la nombró no aclaró si la ausencia de Maduro era temporal, dejando sin sustituto durante sus viajes al exterior.
En el contexto de una Venezuela donde Maduro permanece detenido en Brooklyn y la oposición espera elecciones, la protesta subraya la frustración de una parte de la población que percibe que las decisiones clave se toman fuera del país, mientras el gobierno interino muestra a Rodríguez como símbolo de la reaparición de Venezuela en la escena internacional.