Durante su intervención en el Forbes Economic Summit, Soledad Núñez señaló que la falta de oferta residencial suficiente para absorber la demanda sigue siendo el principal problema del mercado de la vivienda en España y que, de mantenerse las tendencias actuales, el desfase entre oferta y demanda podría elevarse a más de un millón de viviendas en los próximos dos años.

Los últimos informes del Banco de España sitúan el déficit habitacional en más de 700.000 viviendas, una cifra que ya empieza a quedarse corta. Según los cálculos de la entidad, entre 2026 y 2028 el déficit podría incrementarse en unas 300.000 unidades adicionales sobre los 750.000 que ya se estimaban, superando así la barrera del millón de viviendas sin una intervención estructural.

El desequilibrio se explica, según Núñez, por el aumento de los flujos migratorios y la creación de nuevos hogares, que tensionan un mercado donde el principal cuello de botella es el encarecimiento de los precios. Desde 1980, el precio real de la vivienda en España se ha multiplicado por 3,5, frente a un aumento de 1,8 en la zona euro, mientras que la renta real disponible de las familias españolas solo ha crecido por un factor de 1,8.

Esta brecha entre precios y rentas dificulta cada vez más el acceso a la vivienda, sobre todo entre los jóvenes y los nuevos residentes. El esfuerzo necesario para comprar una casa supera la renta de los hogares, una tendencia que se ha agudizado en los últimos años y que amenaza la accesibilidad residencial.

Núñez también recordó el papel del sistema financiero como canalizador del ahorro hacia la economía productiva y advirtió sobre la creciente presencia de neobancos y otros intermediarios financieros. Señaló la necesidad de reforzar la transparencia de estos canales y evitar que los riesgos se desplacen fuera del perímetro bancario sin una supervisión adecuada.

Finalmente, la subgobernadora subrayó que el sector financiero tendrá un papel decisivo para financiar la transformación tecnológica, distinguiendo entre proyectos con potencial productivo real y expectativas poco sostenibles, y llamó a una reflexión sobre el destino de los recursos captados por los nuevos intermediarios.