El organismo subió en un punto porcentual su estimación de crecimiento para 2026 respecto a la publicación de junio, pasando del 1,9 % al 2,9 %, aunque mantuvo una desaceleración respecto al 3,4 % registrado en 2023. Asimismo, redujo en un punto porcentual su previsión para 2027, situándola en el 3 %.

Las revisiones al alza fueron generalizadas: se espera que Estados Unidos crezca un 2,2 % este año y la zona euro un 1 %, ambas cifras dos décimas superiores a las anteriores. Japón también sube al 0,8 % y China se mantiene en 4,5 %. En conjunto, el G20 tendría un crecimiento del 3,1 % en 2026.

Dentro de la eurozona, la OCDE destaca a España como la economía con mayor proyección, con un 2,6 % de crecimiento en 2026 y un 1,8 % en 2027, por delante de Alemania (1,1 % en ambos años), Italia (0,9 % y 0,6 %) y Francia (0,4 % y 0,7 %). En promedio, la zona euro avanzaría alrededor del 1 % cada año.

El organismo atribuye la menor presión del choque energético a varios factores: abundantes reservas de petróleo, aumento de la oferta de productores fuera del Golfo, medidas de apoyo público discrecionales y condiciones financieras favorables, con bolsas al alza y acceso continuo al crédito. Además, la inversión intensiva en inteligencia artificial ha impulsado la producción y el comercio, lo que podría traducirse en un crecimiento superior al previsto.

A pesar del respiro, la OCDE advierte sobre riesgos persistentes. La inflación, alimentada por los altos precios del petróleo y el gas, sigue presionando a los bancos centrales, que han comenzado a subir los tipos de interés. La inflación promedio prevista para los países del G20 es del 4,1 % en 2024, mientras que en la zona euro se espera que alcance el 3 %. Al mismo tiempo, los rendimientos de la deuda pública en Alemania y Francia han subido a niveles no vistos en varios años, encareciendo la financiación de gobiernos con elevados déficits.

La organización señala como principales amenazas para el crecimiento una guerra prolongada, trastornos de la oferta provocados por fenómenos meteorológicos extremos vinculados a un posible El Niño, y la posibilidad de que los retornos de la inversión en inteligencia artificial resulten decepcionantes. Recomienda redoblar los esfuerzos para contener el gasto público, mejorar la eficiencia del sector y reforzar los ingresos fiscales, con el fin de garantizar la sostenibilidad de la deuda a largo plazo.