Según datos de la asociación mundial de aerolíneas IATA, el precio del combustible para aviones en Europa ha subido un 127,9 % respecto al año anterior, situándose en 207,5 dólares por barril, una cifra comparable a la que se registró cuando estalló el conflicto en Irán a finales de febrero.
El encarecimiento se atribuye a la continuidad del cierre del estrecho de Ormuz y al cierre temporal de un importante oleoducto saudí tras un ataque con drones de los rebeldes hutíes, lo que ha limitado el suministro de crudo y ha impulsado los precios a niveles sin precedentes en el Viejo Continente.
Europa es la región que más paga por el queroseno; solo las aerolíneas africanas superan los 200 dólares por barril (204,97 dólares), mientras que en Oriente Medio el precio es el más bajo (177,35 dólares) gracias a su mayor independencia de suministro. En Asia‑Oceanía ronda los 183 dólares, en Norteamérica 193,6 y en Latinoamérica 196.
Wizz Air, que ya había anunciado recortes de capacidad para la temporada de invierno, será la última en confirmar una medida de ajuste: una disminución del 5 % de sus vuelos entre octubre y marzo, medida que busca proteger sus márgenes frente a la volatilidad del combustible.
La decisión de Wizz Air se suma a los recortes ya anunciados por otras compañías europeas. Ryanair, el mayor transportista de pasajeros del continente, también ha comunicado la necesidad de reducir operaciones, pese a que la mayor parte de su suministro de combustible está a precio cerrado; la parte a precio de mercado está erosionando sus resultados. Lufthansa, por su parte, ha eliminado 20.000 trayectos desde la primavera en rutas menos rentables, mientras que IAG, propietaria de Iberia, ha adoptado una estrategia de ingresos y gastos para compensar el alza del fuel.
Los analistas del sector advierten que, aunque por el momento se descarta un desabastecimiento de queroseno, la escalada de precios podría obligar a más aerolíneas a operar con pérdidas, sobre todo en rutas donde la capacidad de subir tarifas es limitada por la sensibilidad de la demanda.
Frente a esta presión, la industria está considerando solicitar medidas de choque a la Comisión Europea para evitar una situación límite que, según algunos ejecutivos, podría llevar a la quiebra a competidores más vulnerables, como la española Volotea, que ya atraviesa una profunda crisis financiera agravada por el costo del combustible.