Zelenski abrió su alocución calificando la guerra iniciada el 24 de febrero de 2022 como "ridícula e interminable" y afirmó que debe terminar, señalando que, salvo el presidente ruso Vladímir Putin, no conoce a ningún líder mundial que defienda su continuidad.

Su discurso se dio en una cumbre que congregó a unos 120 jefes de Estado y de Gobierno, y coincidió con una serie de contactos diplomáticos en Nueva York, entre ellos una reunión entre los responsables de exteriores de Estados Unidos y Rusia, Marco Rubio y Serguéi Lavrov, que no arrojó conclusiones claras.

Tras reunirse en la capital estadounidense con el presidente Donald Trump, Zelenski manifestó su disposición a negociar una tregua energética con Moscú, subrayando la necesidad de aliviar la presión sobre los sistemas energéticos europeos.

El mandatario también denunció el envío de tropas norcoreanas al ejército ruso, acusando al líder Kim Jong-un de usar a sus soldados como "moneda de cambio" para obtener mejoras en misiles balísticos y drones que ya se observan en la región asiática.

Zelenski advirtió que la amenaza rusa no se limita a Ucrania; según él, las ambiciones de Putin incluyen la capital ucraniana, Kiev, y se extienden a países vecinos como Moldavia, Polonia y los estados bálticos, poniendo en riesgo la seguridad de toda Europa.

En el mismo foro, el presidente presentó el programa antibalístico Freyja, desarrollado conjuntamente con Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, España y Países Bajos, y explicó que busca producir interceptores a mayor escala y menor costo, complementando sistemas como el Patriot.

Zelenski señaló que la lista de espera global para sistemas antibalísticos es larga y que incluso los países más ricos no pueden abastecerse adecuadamente, por lo que Freyja pretende sumar a más naciones al esfuerzo conjunto; la semana pasada invitó a Polonia a unirse y mantiene conversaciones con otros aliados.

El discurso también tocó la situación interna de Ucrania: Zelenski lleva más de seis años en el poder bajo la ley marcial, que impide nuevas elecciones, y reconoce que su autoridad se ve erosionada por el cansancio de la guerra y casos de corrupción.