En Chocó, algunas familias afectadas por el terremoto siguen durmiendo al aire libre pese a tener un colchón donado y una vivienda con techo. El temor a no poder escapar a tiempo mantiene a sus habitantes fuera de casa, según una columna de Martha Ortiz publicada 46 días después del sismo de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto.
El texto distingue entre reconstruir edificios y recuperarse de una experiencia traumática. Las reparaciones y la reactivación económica responden a necesidades urgentes, pero no eliminan por sí solas el duelo ni la ansiedad de quienes perdieron a familiares, amistades o pertenencias. La columna sitúa el balance en alrededor de 300 muertos y 60.000 familias damnificadas.
Ortiz propone que la recuperación incluya mecanismos colectivos de apoyo. Familias, vecinos, escuelas, iglesias y organizaciones pueden restablecer redes de confianza y coordinación. También destaca la participación de las propias comunidades en proyectos concretos: actuar y formar parte de las soluciones puede devolver propósito y capacidad de decisión.
El artículo plantea además que los rituales y la memoria compartida deben reconocer la dimensión de la tragedia sin reducir a las personas a lo que vivieron. La cultura, sostiene la autora, contribuye a mantener los lazos sociales necesarios para afrontar dificultades y construir objetivos comunes.
La reconstrucción ofrece una oportunidad para revisar las carencias que el desastre hizo visibles, como el aislamiento, la desigualdad y la falta de infraestructura adecuada. Para Ortiz, la recuperación será más completa cuando las familias puedan volver a sentirse seguras en sus hogares y cuando el trauma forme parte de su historia sin definir por entero su identidad.